Los 5 mitos sexuales que más preocupan a las mujeres

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Actitudes, costumbres, mandatos culturales… es tiempos de desterrar algunas viejas creencias. La licenciada Graciela Cejas habla sobre las más habituales en la revista Mía.

Una fácil. Un mito frecuente: si una mujer es sexualmente activa los hombres la consideran fácil. En realidad, ocurre todo lo contrario. Según los mismos hombres, ellos valoran y se sienten más plenos cuando se encuentran con una mujer que deja de lado el papel pasivo. Al revés de lo que ellas creen, esta actitud los alivia y libera, disminuyendo la presión al no cargar él con la responsabilidad total del éxito del encuentro.

Satisfacción garantizada. Muchas que se sienten inseguras de sí mismas sostienen que siempre hay que tratar de satisfacer al compañero, postergando sus propias necesidades o derechos. Temen pedir lo que necesitan, ya sean caricias o que demore la penetración. Llegan a fingir el orgasmo para satisfacer al varón. Vivida de esa forma, la sexualidad es algo opresivo que impide el natural desempeño. Por eso, la mujer que se ocupa de obtener placer propio obtiene un espacio psíquico y emocional propio, que la predispone a tener una mejor sexualidad, una calidad superior de relación con el otro.

Orgasmo simultáneo. Partiendo de la base de que hombres y mujeres tienen ritmos diferentes, buscar la simultaneidad en el orgasmo es un hecho poco natural y forzado. En todo caso, es una exigencia machista que considera ese hecho como la expresión de una sexualidad armónica. Muchas se fuerzan para producir un orgasmo simultáneo con su compañero, aún a expensas de no tener orgasmos ellas mismas por sentirse exigidas. Si bien la sincronización orgásmica es algo placentero, no deja de ser un hecho que tenga que darse naturalmente.

Prohibido masturbarse. La sexualidad femenina está condicionada por la teoría falocéntrica que sostiene que si la mujer se satisface, una masturbación sería innecesaria, hasta criticable. Este condicionamiento cultural se transforma para muchas en autocensura hacia la práctica masturbatoria, cuando en verdad es una fuente importantísima de placer, de autoconocimiento corporal y de amor a sí misma. Muchos ignoran que si una mujer ha practicado la auto estimulación podrá reconocer sus propias zonas erógenas, su clítoris, y así obtener un excelente conocimiento para integrarlo a sus relaciones sexuales.

Las mujeres son lentas. La sexualidad debe limitarse a la penetración. Se supone que besos, caricias y abrazos son juegos preliminares, cuando en realidad son parte inseparable del acto sexual. Se ignora que los ritmos de excitación son diferentes entre hombre y mujer. Hay que darle lugar al erotismo para generar una adecuada excitación, inluyendo todos los sentidos: tocar, oler, oír, saborear, no como algo secundario sino sumamente importante. Para las mujeres suele ser necesaria la sensibilización erótica y gradual de todo el cuerpo para un disfrute pleno. Hay hombres que se acotan en su manifestación por el temor a perder su erección o su rendimiento eficaz.

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