Michael Phelps agiganta su leyenda

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43835979358380Era el más grande atrás de Río 2016. Pero su clase de atleta infrecuente y de rival irreverente le hicieron prolongar y reunirse a sus alquerías olimpíadas. Y una oportunidad en Brasil, el yanqui Michael Phelps, el deportista más laureado en la descripción de los Juegos Olímpicos, agigantó también más su parábola al acaparar su vigésimo tercera medalla, la decimonovena de dinero.

Con una interpretación petulancia y trascendental el escualo de Baltimore condujo al lucimiento al personal norteamericano en la final del licenciamiento 4×100 libre, para desquitarse el trono que habían extraviado en Londres 2012.

Una peripecia que ratifica la talante de Phelps como rey incontrovertible de la flotación, harto por en presencia de de cualquier contrincante de cualquier época. No pudo en esta barata perfeccionar el dinero conseguido con un récord del orbe.

Un detalle que quedó en un segundo plano para los norteamericanos al apropiarse de nuevo con la diadema que les arrebató hace cuatro años el atrezo gabacho. Dressel abrió abra con una posta que dejó a los yanquis a espaldas de Francia. La piscina era un avispero de sorpresas. El público aclamaba a Phelps, el subsiguiente relevista.

El alboroto era estruendoso. Pero la final orgullosa reclamaba unión y aceleración. Y en ámbito de todo ese bullicio brinco Phelps, en agravante con su rival gabacho. Antes de los frontales 50 patrones le dio exploración. En el giro se destacó como dirigente y cuando completó la piscina la utilidad era ahora de un segundo, tan ingente que parecía claro que el dinero era yanqui.

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