Un bebé resucitó por las caricias de su mamá

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Jamie llegó al mundo en forma prematura con un peso de 900 gramos. Al nacer no respiraba, pero el amor de su madre, que lo puso en su pecho y lo acarició, lo ayudó a sobrevivir

Los médicos lo habían dado por muerto, pero el pequeño Jamie demostró -desde los primeros instantes de su vida-ser un verdadero luchador. Claro que nada hubiera sido posible sin el amor y la valentía de su mamá.

Jamie nació prematuro, con sólo 27 semanas de gestación. Pesaba apenas 900 gramos.

Su madre lo había anhelado con fervor, tanto como a su hermana melliza, quien nació minutos antes que Jamie.

Pero la espera tal vez, y la debilidad propia de un ser que aún no terminó de gestarse, hicieron que los primeros instantes de Jamie en el mundo no sean de lo más afortunados.

Los médicos comunicaron la terrible noticia a los padres: Jamie no respiraba. Pero la mamá, lejos de darse por vencida, pidió que se lo coloquen sobre su pecho.

Comenzó a acariciarlo, a transmitirle su calor y a susurrarle palabras al oído. Le contó cuál era su nombre, y cuánto lo habían esperado. Y luego de dos horas, Jamie reaccionó.

Los médicos lo atribuyeron a un acto reflejo. Pero los padres volvieron a confiar pese al descrédito, y continuaron estimulándolo.

Finalmente, Jamie despertó, y hoy ya tiene seis meses, gracias a una prueba de amor que llevará marcada a fuego durante toda su vida.

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