Un mar de dudas; ¿Cómo acertar sin equivocarse?

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Ante decisiones difíciles de tomar, las personas pueden bloquearse y fluctuar entre posiciones extremas: la duda más irracional o la fe ciega en verdades absolutas. ¿Cómo acertar sin equivocarse? El psicólogo italiano Giorgio Nardone da las herramientas para pisar fuerte por las arenas movedizas de la duda sin riesgo de hundirnos.

“Si existe un problema, también existe una solución”, afirma Nardone, maestro en terapia breve estratégica, que aborda las fórmulas para que pensar demasiado no nos haga daño y podamos adoptar mejores decisiones sin necesidad de “controlarlo todo” en su ensayo “Pienso, luego sufro”.

El mensaje: No hay que preocuparse

“Si hay solución, ¿por qué preocuparse? y, si no la hay, ¿para qué preocuparse”, argumenta este experto para tranquilizar a quienes le dan cientos de vueltas a la cabeza antes de tomar una elección sobre hechos de su realidad cotidiana, hasta el punto de sufrir por ello y caer en lo que Nardone califica de “psicopatología de la vida cotidiana”.

Cuando este ‘piensocentrismo’ se lleva al máximo, el pensamiento del individuo se transforma “de recurso, en límite” y la lógica se transforma en trampa, ante elecciones y decisiones que no pueden resolverse por medio de la lógica y del razonamiento más estricto, como las relaciones amorosas complicadas o los miedos irracionales, asegura Nardone en su ensayo.

“En algunas ocasiones, “el pensar” deja de ser un instrumento infalible para convertirse en un obstáculo insuperable, fuente de incertidumbre o incluso de sufrimiento psicológico, hasta el punto de asumir formas patológicas que acaban por bloquear al sujeto”, recalca Nardone, fundador del Centro de Terapia Estratégica (CTS) de Arezzo, junto con Paul Watzlawick, donde desarrolla su actividad como psicólogo y psicoterapeuta.

La duda, de trampolín a tirana

“La duda, bien dominada y bien orientada, puede ser el trampolín del lanzamiento del pensamiento creativo y conducir al descubrimiento de nuevos dominios de pensamiento, mientras que, combatida y reprimida, se transforma en el tirano que persigue el pensamiento y en el resorte del pensamiento obsesivo”, advierte Nardone.

Otro tipo de patologías, en donde la tortura del pensamiento carece, más que nunca, de vía de salida, aparece cuando las dudas surgen sobre acontecimientos del pasado que ya no pueden corregirse, como el manido “habría sido mejor hacerlo así” o “si lo hubiera hecho de otro modo”.

Cuando la duda se convierte en patológica, Nardone sugiere soluciones terapéuticas “centradas en el problema”, inspiradas en el modelo de la terapia breve estratégica y en ‘reorientar’ el pensamiento para descubrir su potencialidad. “En vez de obstinarnos en buscar las respuestas, lo que debemos hacer es preocuparnos por formular mejor las preguntas”, comenta.

El ensayo realiza un recorrido por la aventura intelectual del hombre en Occidente, explicando el desarrollo de la racionalidad a través del ejercicio de la duda, “porque disciplinas como la filosofía, la ciencia o la psicología consideran que la duda y la superación de la misma constituyen el instrumento metodológico y de toma de decisiones por excelencia”, asegura el autor.

Cómo tomar mejores decisiones 

Nardone se propone ayudar a la gente a “pensar mejor y a tomar mejores decisiones”, porque considera que “la auténtica patología mental que surge de una duda es solo la culminación extrema de una dificultad mucho más extendida, típica del hombre moderno enfrentado a las decisiones más cruciales o a la ausencia de certezas”.

Para conseguir que nuestra manera de razonar, pensar y reflexionar, vuelva a ser un instrumento eficaz y no una trampa mental, y para que nuestros autoengaños cesen, Nardone aporta unas estrategias útiles en su ensayo, escrito a cuatro manos con el psicólogo e investigador clínico Giulio de Santis.

Estas estrategias vienen en capítulos con títulos tan sugestivos como Filosofía y psicología de la duda; Diálogo interior y disputa del pensamiento; Autoengaños cognitivos; La Duda como patología; La perversión de la razón; El inquisidor interior; El saboteador interior o El perseguidor interior.

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